
Anoche, en la habitación de mi hotel escuché a una pareja haciendo el amor.
Me sentí feliz al instante, no de manera morbosa, si no que al escuchar esos sonidos me puse a pensar en muchas cosas y a recordar otras. Me sentí feliz muy feliz y me puse a inventar una historia en mi cabeza, de quienes podrían ser esas personas y que hacían ahí en ese hotel. Es bueno que la gente haga el amor, trae felicidad y buen humor.
¿Cuántas personas estaban haciendo el amor en ese momento?
Yo acostada en mi cama, sola y cansadísima por el día tan pesado y en la habitación de a lado una pareja encontró tiempo para hacer lo suyo sin siquiera pensar que tal vez estaban siendo muy escandalosos, aunque no creo que les importara eso la verdad.
Después de esa felicidad instantánea me invadió un sentimiento de melancolía, por un instante me sentí tan sola en el mundo, sin ningún olor mas que el mío, sin nadie que me comiera a besos debajo de la sabana.
Envidia, envidia pura. De su sonrisa al día siguiente, los orgasmos, de dormir abrazado a alguien y de todo ese placer, de sentirse realizado y completo.
a veces la envidia es sana
ResponderEliminarnos hace darnos cuenta de lo que tenemos